ahmed gomez

 

 

News

02/2013

 

"Cachita: The infinte lightness of being"

by Dennys Matos

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Las celebraciones por el 400 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre fue motivo de atención por parte del arte contemporáneo cubano tanto fuera como dentro de la isla.

La Virgen de la Caridad del Cobre, ‘Cachita’, interpretada como herencia y expresión del imaginario, tanto espiritual como material de la identidad sociocultural cubana, constituye elleitmotiv de la exposición Cachita: The infinite lightness of being, (2013), curada por la escritora y crítica de arte Janet Batet y organizada por Alexandra Art. La muestra contempla artistas de diferentes generaciones, cuyas trayectorias han transcurrido por unas propuestas de contenidos y formas artísticas muy diversas como son los casos de José Bedia, César Beltrán, Carlos Caballero, Ariel Cabrera, Margarita Cano, Consuelo Castañeda, Tomás Esson, Ahmed Gómez, Ismael Gómez Peralta, Glexis Novoa, Carlos Rodriguez Cárdenas, Eduardo Michaelsen, Ángel R. Vapor, Ciro Quintana, Rodolfo Peraza, Leandro Soto, Tomás Sánchez y Rubén Torres-Llorca.

Sin embargo, más allá de este variadísimo espectro de actitudes estéticas, la exposición reseña solventemente aquellos puntos de contacto, aquellas afinidades que ponen de manifiesto una atracción, un interés enfático sobre la Virgen de la Caridad del Cobre como especie de crisol del que brota un potente imaginario de la cultura cubana. Un interés muy presente en la obra de numerosos autores cubanos que forman parte, no solo del escenario artístico de la ciudad de Miami, sino también dentro de Cuba. Un ejemplo de ello fue la reciente exposición Sucedáneo de Fe, en el Convento San Francisco de Asís de La Habana, inaugurada en septiembre del 2012, curada por Dennys Castellano y Sergio Fontanella, que aglutinó a un nutrido grupo de artistas contemporáneos, entre otros, Jairo Alfonso, Antuan Rodríguez, Rubén Alpizar, Lázaro Saavedra y Alejandro Aguilera. A estas dos exposiciones se suma el proyecto colectivo La patrona del Sol en (Agosto, 2012) en Ta Project Gallery en Miami que incluía obras de, entre otros autores, Nestor Arenas, Jaqueline Zerquera, Guillermo Portieles o Yovani Bauta. De esta manera tanto “ Cachita: The infinite lightness of being”, Sucedáneo de Fe como La patrona del Sol pulsan una presencia, un credo, una fe que expresada literal o metafóricamente y reflexionando sobre la devoción pública o privada hacia la Virgen, nos habla de la riqueza y variedad de visiones artísticas sobre un icono capaz de convocar sentimientos de gran espesor espiritual muy presente en la identidad isleña, independientemente de los credos políticos ideológico de sus fieles.

La muestra “ Cachita: The infinite lightness of being” que incluye obras, específicamente creadas para la muestra como Letra mala en la consulta (2013) de José Bedia o Protégenos del mercado del arte(2012), de Rubén Torres-Llorca, abarca una gran variedad de formatos artísticos con destacado protagonismo de la pintura, la fotografía, la video instalación, entre otros. Del mismo modo “ Cachita: The infinite lightness of being” muestra un rico diapasón expresivo que va desde poéticas con elementos de la cultura Pop (por ejemplo, Rodolfo Peraza, Ciro Quintana, Eduardo Michaelsen, Margarita Cano, Rubén Torres-Llorca y César Beltrán) pasando por recursos expresivos más conceptuales (Glexis Novoa, José Bedia, Ahmed Gómez, Tomas Esson y Consuelo Castañeda), hasta tratamientos partiendo de actitudes más cercanas a la neo figuración o el realismo (Ariel Cabrera, Leandro Soto, Ismael Gómez Peralta, Carlos Rodríguez Cárdenas , Ángel Vapor y Carlos Caballero), o incluso incursiones neo expresivas como es el caso de Tomás Sánchez. Por lo que la muestra se convierte en un proyecto de ambicioso alcance museográfico que, más allá de discursar sobre la patrona de Cuba con motivo del 400 aniversario de su hallazgo, hace suyo el complicado reto de reunir a una importante pléyade de artistas cubanos con un gran protagonismo en la renovación, tanto poética como discursiva del panorama artístico cubano de los años 1980. • 

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Madrid y Miami.

‘Cachita: The infinite lightness of being’, hasta el 26 de marzo en Olga M. and Carlos Saladrigas Gallery of the Ignatian Center for The Arts, 500 SW 127 Ave., Miami, 33184l, (786) 378-0828.


09/2012

Rough

by Enrrique Parra

ÁSPERO…pero haz

   Áspero alude esencialmente a la inmediatez del plano donde se resuelve como exhibición de tres artistas: el collage, la fotografía, el video-instalación y el dibujo en unos casos denotan, y en otros connotan, un marcado interés por la superficie de representación; marcado, además, por la historia de las formas mismas.  Es en esa manera dual de asumir la superficie que ocurre la intersección de las propuestas visuales que involucra la muestra.

    Áspero elude el tema  extra-artístico en tanto fundamento ideológico curatorial capaz de conferir el gran peso, la total unidad y el máximo sentido a la exhibición en su conjunto. Tal vez porque todo arte es de actitud, los artistas Ahmed Gómez, Pedro Vizcaíno y Ramón Williams, ante las eventualidades que precedieron al proyecto, optaron por  renunciar a la ternura del tema cual centro hegemónico de un discurso teórico hacia el cual las obras han de concurrir y confirmar tesis magnánimas sobre la cultura, el fin del mundo, el conteo de diamantes o la cría de gallos en una ciudad concreta. En todo caso, lo áspero del tema también pudiera ser entendido como tema en si, materia prima que potencia la expansión artística y la funcionalidad comedida de las curadurías.

   Áspero se agencia patrocinadores, practica un balance formal in situ, selecciona las piezas, coordina las motivaciones de cada artista bajo la intuición común de soluciones visuales apropiadas al espacio dado. Digamos que el sistema de prioridades de Áspero favorece aquellas soluciones que con mayor claridad subrayan la importancia conceptual y física de  los medios y materiales  empleados en la propia ideación y elaboración de las piezas, más allá de las temáticas particulares de cada obra.

   Las referencias al kitsch del fervor  robótico en el  siglo XX y su (¿ansiedad de Singularidad para el presente siglo?) en los collages y relieves cromados de A.G, cargan recurrencias gráficas cuando no cinematográficas, ironizan su contenido con una racionalidad artesanal de tipo naïve con maldad académica que va desde el dominio deltrompe le oíl, el uso del esténcil hasta el empleo de recursos varios del oficio de la restauración y una idea ajedrecística de la restauración del oficio. En los dibujos de P.V la excusa para el ejercicio de obrar y descargue de la idea ocurre en la  hibridación de materiales y referentes: taxis, aviones, ovnis, edificios, zapatos, tanques de guerra y gangas mutan y permutan de un soporte en otro; los motivos de su vocabulario visual despegan con toda la espontaneidad del gesto  grafitero, sobrevuelan el garabato ¿automatismo psíquico? del niño interno y aterrizan de lleno en hueco-relieves, con mucho de arte objetual  y cierta visceralidad de transparencia pop. Las fotografías de R.W apuntan a lo lineal o pictórico de aquello que escoge capturar su lente. Cada disparo enfatiza en la fuerza aleatoria del trazo no intencionado residual que recicla y sus implicaciones semánticas en la lectura y dinámica de la trama urbana. Con todos los favores de la era digital, R.W cuelga en una iPod videos de los recorridos por estas marcas o las imprime sobre papeles para dibujo. En cada obra, y en la totalidad de la exhibición, persiste una nota sobre las posibilidades de redefinición del mundo contenidas en la articulación versátil de los lenguajes.

   ROUGH: Una aspereza nunca neutra, presenta chispas logradas de la fricción armónica de tres maneras de ver  y hacer muy diferentes; un brillante acorde mayor para la mirada que invita, si no al paladar, al menos a la lengua. En Silvana Faccini Gallery, del ocho de Septiembre al ocho de Octubre de 2012.

 

 

 

 


09/10/10

Colección de Liza y Arturo Mosquera un espectáculo visual en la Torre de la libertad

By CARLOS M. LUIS

  Apartir del Renacimiento, el interés de coleccionar arte formó parte del proceso de la cultura occidental. Como resultado precio y valor comenzaron a formar parte de una lexicología en el mundo artístico, que aún crea confusiones. No voy a entrar en los pormenores de la misma, pero sí a puntualizar la importancia del significado que ambos términos poseen cuando se trata de coleccionar obras de arte. Nuestro siglo y el anterior han dado buenas muestras de ello, al convertir un objeto, ya sea pintura, escultura, etc., en una mercancía controlada por las altas y bajas del mercado. De ahí entonces que cuando nos acercamos a ciertas colecciones, lo hagamos bajo el (pre)juicio de las motivaciones que puedan haber detrás de las mismas. Felizmente, como lo mejor que poseen las reglas son sus excepciones, en el caso de la colección de Liza y el Dr. Arturo Mosquera, todas las suspicacias se disipan a su favor. Coleccionar para este matrimonio ha sido una labor de cultivo que es, en última instancia, lo que define a la cultura. Ambos, por tanto, han ido adquiriendo a través de dos décadas una importante colección cuya variedad toca varios niveles, como la exposición Ways of Worldmaking: Notes on a Passion for Collecting, que se encuentra abierta al público en la Torre de la Libertad, así lo demuestra. Con 73 artistas expuestos representados por 120 obras de distintas tendencias y empleando medios tan diversos como el óleo, la fotografía, la escultura, los impresos digitales, videos, acrílicos etc. la exposición es una amplia muestra de la flexibilidad de gustos que muestran sus dueños.

Ante todo es necesario indicar que esta exposición sólo está consagrada a uno de esos niveles específicos: al de pintores cubanos fuera de la isla, (muchos de ellos residentes en Miami, aunque otros habitan en distintos lugares de los Estados Unidos o en México), ya que su colección se ramifica también hacia el arte de otros países. Algunos de estos artistas han fallecido: Carlos Alfonzo, Antonia Eiriz, Agustín Fernández, Guido Llinás, Alfredo Lozano y Eduardo Michaelsen. Dentro de ese contexto, comienzan entonces a aparecer los distintos niveles a los cuales he aludido. En primer lugar, como el Dr. Mosquera le indicara a las curadoras de la muestra Cristina y Vivian Nosti, sus preferencias apuntan hacia los artistas jóvenes, (en ese sentido su amistad con el historiador de arte Ricardo Pau-Llosa le ha sido valiosa), muchos de los cuales se dieron a conocer posteriormente en la galería alternativa llamada Farside Gallery, (que el pintor Guido Llinás le sugirió que abrieran), que ambos poseen. Pero aunque ya muchos de éstos han ido adquiriendo una nombradía, la importancia que adquieren dentro del conjunto de la muestra destaca el desinterés de estos coleccionistas por el precio del mercado que podrían estas obras adquirir en el futuro. Es decir, se fijaron en su valor. De ahí entonces que lo que percibimos en el conjunto es una especie de entusiasmo contagioso por mostrar unas obras que fueron creando, durante el correr de los años, un espectáculo visual que les ha servido como fuente de deleite estético.

Ahí, sin embargo, no se detienen los niveles. La variedad de estilos y de medios técnicos que se encuentran presentes en la colección, atestiguan que estos coleccionistas no se arredraron ante las nuevas tendencias del arte, por muy controversiales que sean. Aquí siempre existe el riesgo de caer en la inmediatez sin ir a lo profundo. Pero ese es un riesgo que vale la pena tomar, si es que se intenta dialogar con el mundo que nos ha tocado vivir. De todas formas, la presencia de lo que hoy podemos llamar artistas ``clásicos'' que comenzaron a despuntar en la década de los años 50, le confiere a la muestra un trasfondo histórico. Esto nos permite ir desarrollando, a partir de los mismos, los cambios de sensibilidad que han experimentado los pintores cubanos de generaciones posteriores. Creo que ahí también radica la importancia de la exposición tal y como estuvo concebida por sus curadoras.

Liza y el Dr. Mosquera son, pues, coleccionistas. Y son algo más. A su labor hay que sumarle la creación de unos espacios alternativos, que comenzaron siendo más reducidos, dentro de su consulta, y que ahora han ampliado en el espacio contiguo a la misma. Desde hace diez años han venido puntualmente brindando exposiciones donde muchos artistas, consagrados algunos, menos conocidos otros, han podido exhibir sus obras. Con el tiempo, sus exposiciones (y, a ratos, las charlas que brindan) se han convertido en el lugar de encuentro de artistas, escritores y amantes del arte. Ahí van a mostrar sus obras artistas cubanos, hispanoamericanos o estadounidenses, artistas que eventualmente van engrosando una colección, que hoy podemos disfrutar en la Torre de la Libertad. Regreso al término ``cultivar''. ¿Qué es en definitiva lo que han logrado estos coleccionistas sino ir cultivando una suma de imágenes que van enriqueciendo nuestra mirada? Walter Benjamin, citado por las hermanas Nosti, nos habla de ``renovar el viejo mundo, como el deseo más profundo del coleccionista que impulsa a alguien a adquirir algo''. El que cultiva renueva, y el renuevo contribuye a que la vida se enriquezca.

Carlos M. Luis es historiador de arte, escritor, curador y conferencista en galerías y museos. La exposición de la colección de Liza y Arturo Mosquera está abierta al público en la Torre de la Libertad, 600 Biscayne Blvd. Desde hoy hasta el 6 de noviembre.  

  Apartir del Renacimiento, el interés de coleccionar arte formó parte del proceso de la cultura occidental. Como resultado precio y valor comenzaron a formar parte de una lexicología en el mundo artístico, que aún crea confusiones. No voy a entrar en los pormenores de la misma, pero sí a puntualizar la importancia del significado que ambos términos poseen cuando se trata de coleccionar obras de arte. Nuestro siglo y el anterior han dado buenas muestras de ello, al convertir un objeto, ya sea pintura, escultura, etc., en una mercancía controlada por las altas y bajas del mercado. De ahí entonces que cuando nos acercamos a ciertas colecciones, lo hagamos bajo el (pre)juicio de las motivaciones que puedan haber detrás de las mismas. Felizmente, como lo mejor que poseen las reglas son sus excepciones, en el caso de la colección de Liza y el Dr. Arturo Mosquera, todas las suspicacias se disipan a su favor. Coleccionar para este matrimonio ha sido una labor de cultivo que es, en última instancia, lo que define a la cultura. Ambos, por tanto, han ido adquiriendo a través de dos décadas una importante colección cuya variedad toca varios niveles, como la exposición Ways of Worldmaking: Notes on a Passion for Collecting, que se encuentra abierta al público en la Torre de la Libertad, así lo demuestra. Con 73 artistas expuestos representados por 120 obras de distintas tendencias y empleando medios tan diversos como el óleo, la fotografía, la escultura, los impresos digitales, videos, acrílicos etc. la exposición es una amplia muestra de la flexibilidad de gustos que muestran sus dueños.

Ante todo es necesario indicar que esta exposición sólo está consagrada a uno de esos niveles específicos: al de pintores cubanos fuera de la isla, (muchos de ellos residentes en Miami, aunque otros habitan en distintos lugares de los Estados Unidos o en México), ya que su colección se ramifica también hacia el arte de otros países. Algunos de estos artistas han fallecido: Carlos Alfonzo, Antonia Eiriz, Agustín Fernández, Guido Llinás, Alfredo Lozano y Eduardo Michaelsen. Dentro de ese contexto, comienzan entonces a aparecer los distintos niveles a los cuales he aludido. En primer lugar, como el Dr. Mosquera le indicara a las curadoras de la muestra Cristina y Vivian Nosti, sus preferencias apuntan hacia los artistas jóvenes, (en ese sentido su amistad con el historiador de arte Ricardo Pau-Llosa le ha sido valiosa), muchos de los cuales se dieron a conocer posteriormente en la galería alternativa llamada Farside Gallery, (que el pintor Guido Llinás le sugirió que abrieran), que ambos poseen. Pero aunque ya muchos de éstos han ido adquiriendo una nombradía, la importancia que adquieren dentro del conjunto de la muestra destaca el desinterés de estos coleccionistas por el precio del mercado que podrían estas obras adquirir en el futuro. Es decir, se fijaron en su valor. De ahí entonces que lo que percibimos en el conjunto es una especie de entusiasmo contagioso por mostrar unas obras que fueron creando, durante el correr de los años, un espectáculo visual que les ha servido como fuente de deleite estético.

Ahí, sin embargo, no se detienen los niveles. La variedad de estilos y de medios técnicos que se encuentran presentes en la colección, atestiguan que estos coleccionistas no se arredraron ante las nuevas tendencias del arte, por muy controversiales que sean. Aquí siempre existe el riesgo de caer en la inmediatez sin ir a lo profundo. Pero ese es un riesgo que vale la pena tomar, si es que se intenta dialogar con el mundo que nos ha tocado vivir. De todas formas, la presencia de lo que hoy podemos llamar artistas ``clásicos'' que comenzaron a despuntar en la década de los años 50, le confiere a la muestra un trasfondo histórico. Esto nos permite ir desarrollando, a partir de los mismos, los cambios de sensibilidad que han experimentado los pintores cubanos de generaciones posteriores. Creo que ahí también radica la importancia de la exposición tal y como estuvo concebida por sus curadoras.

Liza y el Dr. Mosquera son, pues, coleccionistas. Y son algo más. A su labor hay que sumarle la creación de unos espacios alternativos, que comenzaron siendo más reducidos, dentro de su consulta, y que ahora han ampliado en el espacio contiguo a la misma. Desde hace diez años han venido puntualmente brindando exposiciones donde muchos artistas, consagrados algunos, menos conocidos otros, han podido exhibir sus obras. Con el tiempo, sus exposiciones (y, a ratos, las charlas que brindan) se han convertido en el lugar de encuentro de artistas, escritores y amantes del arte. Ahí van a mostrar sus obras artistas cubanos, hispanoamericanos o estadounidenses, artistas que eventualmente van engrosando una colección, que hoy podemos disfrutar en la Torre de la Libertad. Regreso al término ``cultivar''. ¿Qué es en definitiva lo que han logrado estos coleccionistas sino ir cultivando una suma de imágenes que van enriqueciendo nuestra mirada? Walter Benjamin, citado por las hermanas Nosti, nos habla de ``renovar el viejo mundo, como el deseo más profundo del coleccionista que impulsa a alguien a adquirir algo''. El que cultiva renueva, y el renuevo contribuye a que la vida se enriquezca.

Carlos M. Luis es historiador de arte, escritor, curador y conferencista en galerías y museos. La exposición de la colección de Liza y Arturo Mosquera está abierta al público en la Torre de la Libertad, 600 Biscayne Blvd. Desde hoy hasta el 6 de noviembre.  

Apartir del Renacimiento, el interés de coleccionar arte formó parte del proceso de la cultura occidental. Como resultado precio y valor comenzaron a formar parte de una lexicología en el mundo artístico, que aún crea confusiones. No voy a entrar en los pormenores de la misma, pero sí a puntualizar la importancia del significado que ambos términos poseen cuando se trata de coleccionar obras de arte. Nuestro siglo y el anterior han dado buenas muestras de ello, al convertir un objeto, ya sea pintura, escultura, etc., en una mercancía controlada por las altas y bajas del mercado. De ahí entonces que cuando nos acercamos a ciertas colecciones, lo hagamos bajo el (pre)juicio de las motivaciones que puedan haber detrás de las mismas. Felizmente, como lo mejor que poseen las reglas son sus excepciones, en el caso de la colección de Liza y el Dr. Arturo Mosquera, todas las suspicacias se disipan a su favor. Coleccionar para este matrimonio ha sido una labor de cultivo que es, en última instancia, lo que define a la cultura. Ambos, por tanto, han ido adquiriendo a través de dos décadas una importante colección cuya variedad toca varios niveles, como la exposición Ways of Worldmaking: Notes on a Passion for Collecting, que se encuentra abierta al público en la Torre de la Libertad, así lo demuestra. Con 73 artistas expuestos representados por 120 obras de distintas tendencias y empleando medios tan diversos como el óleo, la fotografía, la escultura, los impresos digitales, videos, acrílicos etc. la exposición es una amplia muestra de la flexibilidad de gustos que muestran sus dueños.

Ante todo es necesario indicar que esta exposición sólo está consagrada a uno de esos niveles específicos: al de pintores cubanos fuera de la isla, (muchos de ellos residentes en Miami, aunque otros habitan en distintos lugares de los Estados Unidos o en México), ya que su colección se ramifica también hacia el arte de otros países. Algunos de estos artistas han fallecido: Carlos Alfonzo, Antonia Eiriz, Agustín Fernández, Guido Llinás, Alfredo Lozano y Eduardo Michaelsen. Dentro de ese contexto, comienzan entonces a aparecer los distintos niveles a los cuales he aludido. En primer lugar, como el Dr. Mosquera le indicara a las curadoras de la muestra Cristina y Vivian Nosti, sus preferencias apuntan hacia los artistas jóvenes, (en ese sentido su amistad con el historiador de arte Ricardo Pau-Llosa le ha sido valiosa), muchos de los cuales se dieron a conocer posteriormente en la galería alternativa llamada Farside Gallery, (que el pintor Guido Llinás le sugirió que abrieran), que ambos poseen. Pero aunque ya muchos de éstos han ido adquiriendo una nombradía, la importancia que adquieren dentro del conjunto de la muestra destaca el desinterés de estos coleccionistas por el precio del mercado que podrían estas obras adquirir en el futuro. Es decir, se fijaron en su valor. De ahí entonces que lo que percibimos en el conjunto es una especie de entusiasmo contagioso por mostrar unas obras que fueron creando, durante el correr de los años, un espectáculo visual que les ha servido como fuente de deleite estético.

Ahí, sin embargo, no se detienen los niveles. La variedad de estilos y de medios técnicos que se encuentran presentes en la colección, atestiguan que estos coleccionistas no se arredraron ante las nuevas tendencias del arte, por muy controversiales que sean. Aquí siempre existe el riesgo de caer en la inmediatez sin ir a lo profundo. Pero ese es un riesgo que vale la pena tomar, si es que se intenta dialogar con el mundo que nos ha tocado vivir. De todas formas, la presencia de lo que hoy podemos llamar artistas ``clásicos'' que comenzaron a despuntar en la década de los años 50, le confiere a la muestra un trasfondo histórico. Esto nos permite ir desarrollando, a partir de los mismos, los cambios de sensibilidad que han experimentado los pintores cubanos de generaciones posteriores. Creo que ahí también radica la importancia de la exposición tal y como estuvo concebida por sus curadoras.

Liza y el Dr. Mosquera son, pues, coleccionistas. Y son algo más. A su labor hay que sumarle la creación de unos espacios alternativos, que comenzaron siendo más reducidos, dentro de su consulta, y que ahora han ampliado en el espacio contiguo a la misma. Desde hace diez años han venido puntualmente brindando exposiciones donde muchos artistas, consagrados algunos, menos conocidos otros, han podido exhibir sus obras. Con el tiempo, sus exposiciones (y, a ratos, las charlas que brindan) se han convertido en el lugar de encuentro de artistas, escritores y amantes del arte. Ahí van a mostrar sus obras artistas cubanos, hispanoamericanos o estadounidenses, artistas que eventualmente van engrosando una colección, que hoy podemos disfrutar en la Torre de la Libertad. Regreso al término ``cultivar''. ¿Qué es en definitiva lo que han logrado estos coleccionistas sino ir cultivando una suma de imágenes que van enriqueciendo nuestra mirada? Walter Benjamin, citado por las hermanas Nosti, nos habla de ``renovar el viejo mundo, como el deseo más profundo del coleccionista que impulsa a alguien a adquirir algo''. El que cultiva renueva, y el renuevo contribuye a que la vida se enriquezca.

 

Carlos M. Luis es historiador de arte, escritor, curador y conferencista en galerías y museos. La exposición de la colección de Liza y Arturo Mosquera está abierta al público en la Torre de la Libertad, 600 Biscayne Blvd. Desde hoy hasta el 6 de noviembre.

 


7/5/2010

 

OMAR-PASCUAL CASTILLO

Arte, Pensamiento y Escritura

lunes 5 de julio de 2010

DULCE COMO EL ALMÍBAR DE CAÑA, AMARGO COMO EL VODKA (unas notas acerca de la obra reciente de Ahmed Gómez)

Cuando una obra plástica, hablo de una Pintura y/o un Dibujo, funciona comercialmente en el enrarecido mercado del Arte, y esta obra está cercana a las travesías marcadas por el legado revisionista del Pop Art, es frecuente que se manifieste cierto facilismo crítico despectivo que se aplica para denostar su éxito, gracias a su propia “naturaleza Pop”.
Demasiado obvio.
Está claro que el Pop Art “funciona” seduciendo al público, primero: por su relación directa con un imaginario colectivo que subyuga nuestras referencias lectivas y nos hace reconocerlas; segundo: por su estética escueta, simplificadora, por lo general, bella (¿o tal vez debería decir: “correcta”?), nos evoca los dejes representacionales de la academia clásica… pudiéramos decir.
Colores llamativos, textos llamativos, composiciones llamativas… en cambio, tanto efectismo y golpes de brillo de lentejuela pueden deslumbrar e impedir que veamos lo que estas obras son… ¿de qué van? y/o ¿hacia donde se dirigen?
Por otro lado, ¿cuántos artistas han andado ya ese camino y han fracasado en su empeño? ¿Cuántos han derivado en otros menesteres? ¿Cuántos no han soportado la presión de “tanto éxito”?
Total, cuando en definitiva, si de algo esboza un comentario el Pop Art y sus reminiscencias Neo-Pop es de “repetir ilusiones”, espejismos.
Incluso, repetir hasta la ilusión de éxito.
Ahmed Gómez es un artista cubano-americano radicado en Miami, Florida; que sabe de ello.
Es conocedor de la ilusión bellísima del éxito fácil, como caramelo meloso que sabe a dulce pero provoca caries, endulza el gaznate pero destroza el estómago y fastidia el colesterol.
Por ello, juega irónicamente con esa ilusión de belleza exitosa; cuestionando su efectividad en un diálogo infinito de dos tradiciones.
La tradición americana de las Pin-Ups Girls y la tradición europea de la Vanguardia Histórica.
La primera, como paradigma del deseo de un ideal de belleza femenina.
La segunda, como paradigma programático de un cambio estético radical en la concepción del universo del Arte.
Como si contrastase en mismo territorio discursivo la quintaesencia de publicidad capitalista y la quintaesencia de la propaganda comunista.
¿Cómo si fueran muy diferentes?
Lo interesante en el caso de Ahmed es que por su eficiente capacidad resolutiva, desde el punto de vista formal, esquiva la inteligencia soterrada que subyace en su Pintura.
Una vez más, nos deslumbran las lentejuelas, la purpurina, el brillo del efectismo visual. Caemos en la trampa fácil aquel etiquetamiento izquierdoso de que “lo bello es burgués y decadente”. Como si -curiosamente- no lo fuese una foto desenfocada en B&N impresa en 150 X 200 cm sobre papel Ilford baritado. O un aburrido neón rojo, tintineando una palabra gigantesca, que lo único que manifiesta es la manía de grandeza de un escritor frustrado.
Y si lo fuese… así, de decadente ¿cuál es el problema?
¿No se supone que el Arte es un reflejo privado de nuestras realidades sociales?
Ah!... ¿y no estamos sobreviviendo a una crisis global?
El problema es que Ahmed, así de fácil nos saca a la luz ciertas militancias olvidadas por homenajear con sus post-modernas Pin-Ups, el humor del peruano Alberto Vargas, la gracia de Gil Elvgren, o emular el erotismo de Mel Ramos o John Willie; mientras cuestiona la grandeza formal -al hacerla “manierismo decorativo”-, hiper-estética, de los ismos de la Vanguardia.
Y con ello, destruye toda probabilidad nostálgica en su remembranza, cuando la desacraliza como cumbre del Arte, al ponerla a convivir en una situación que casi la ridiculiza con la efervescencia juvenil de sus féminas; mucho más cuando esas reminiscencias abstractas parecen derivativas de manierismos ideo-estéticos desarrollados por Frantisek Kupka, Alekséi von Jawlensky o Robert Delaunay, los grandes puristas de la Escuela Abstracta.
Un sarcástico camino de apariencia inocentona (“ingenuo el que lo crea”) que igualmente alguno recordará de la primera obra de los noventa de René Francisco (Ven y dame una mano) y Ponjuán, (luego en su muestra: Arte y Confort); donde la Vanguardia -sobretodo la Rusa, pre-Soviética- era puesta en jaque, cuestionada como paradigma o como estado ideal metafísico supremo del Arte de Occidente. Y que en el arte español contemporáneo, tienen su máximo exponente en el Equipo Crónica y en su superviviente: Manolo Valdés.
Algún que otro detractor (quizás para ocultar su propia misoginia) dirá que “ataca a la mujer frivolizándola”, y que esta obra profesa una mirada retrógrada hacia la mujer como “mujer-florero”, y hacia el Arte como mero adorno doméstico.
Cuando en verdad personalmente creo que es más una mirada de “admirador secreto” hacia ambas tradiciones, unidas por una tradición todavía más antigua. La Pintura.
Como si de Ahmed Gómez demostrara -con estas pinturas- que fundamentalmente disfruta pintándolas; porque en ellas, mezcla varios placeres.

De más está decir que la iconografía Pin-Ups influyó grandemente en el gusto estético sexual del hombre latino hacia la voluptuosidad de una poderosa mujer con curvas.
Nada de anorexias o bulimias.
Una mujer coqueta, segura de sí misma, consciente de su encanto y de sus dones naturales.
Como si el artista disfrutara rozándolas de un modo erótico (carnal), rehaciéndolas para perpetuarlas en su imaginación visual, como realidad pictórica que ahí quedará.
Ahora, siendo embestida, o al contrario, ella embistiendo… al y por el ideal utópico de una varonil abstracción.
Una abstracción -por cierto- banalizada por el enfático ludismo choteante del Pop Art.
Y allí, en este afán didáctico-doctrinario, cansino, repetitivo y obsesivo del Pop, es donde Ahmed se libra de posibles peligros críticos alrededor de que su producción se tilde como “algo” pretensiosamente profundo; porque el regodeo preciso de su control del ejercicio pictórico, sólo denota un dato.
Todo es superficie.
Plano plausible de ser reinterpretado, re-hecho, “deconstruido”; a pesar de que en esta “deconstrucción” haya un matiz analítico de base metódica.
Da igual sean Pin-Ups o Abstracciones Vanguardistas, lo que importa es la Pintura.
Porque ella, la Pintura, es lo que queda.
Y saber de Pintura, y demostrarlo, aun cuando parezca un facilismo -para quienes no la hayan ejercido, los que la han intentado domar, siempre la respetan-; es todo un reto hoy día.
Y éste es un conocimiento, que más allá de los dones del talento resolutivo, sólo se cultiva con el amargo peso de la constancia y la tenacidad.
Así como acostumbramos nuestro paladar a la rispidez del Vodka, trajo a trajo.
Y hacer que ese reto (el pictórico) resulte divertido, locuaz y seductor, es sólo un mérito que algunos logran, Ahmed… entre ellos.
Otros no.



Omar Pascual Castillo

Primavera, 2010.
Granada, España.

  

SWEET AS SUGARCANE, BITTER AS VODKA (Notes on Recent Work by Ahmed Gomez)

 

When a work of art-I’m speaking of either a painting or a drawing- is commercially successful in today’s rarified art market, and when such work exists in close proximity to the trajectory of Pop Art’s revisionist legacy, a kind of facile, pejorative critique is often made to belittle its success, precisely because of its “Pop nature.”  This is too obvious.  Clearly, Pop Art “work’ by seducing its audience: first, by way of its direct relationship with a collective imaginary, whose references it subjugates and forces us to acknowledge; and secondly, through its plain, simplifying aesthetics, often beautiful (or perhaps “correct”?), which, it could be said, evoke representational reflections of the classic academy.

However, such gaudy colors, such showy text, such flashy compositions such drama and brilliant glitter, can blind us and impede seeing what these works are, where they come from, where they are going.

On the other hand, how many artists have already walked that path and failed?  How many have gone off in other directions?  How many have not been able to withstand the pressure of so much success?

Basically, the upshot of all this is, if there is one thing that Pop Art and its related Neo-Pop reminiscences delineate, it would be the repetition of illusions, mirages, even the repetition of the illusion of success.

Ahmed Gomez, a Cuban-American who lives in Miami, Florida, knows about this, He is well acquainted with that beautiful illusion of easy success, like molasses candy that tastes so sweet yet causes cavities, that’s sweet on the tongue yet ruins your stomach and wreaks havoc with your cholesterol.

This is why he plays with the irony of the illusory beauty of success, questioning its effectiveness in an infinite dialogue between two traditions: the American tradition of pin-up girls and the European tradition of the historical vanguard; the first as a paradigm of the desire for a feminine ideal of beauty; the latter as a programmatic paradigm for a radical aesthetic change in the conception of Art. It is as if he would contrast (within the same discursive territory) the quintessential capitalist advertisement with the quintessential communist propaganda tool.  (As if they were really that different?)

What’s interesting about Ahmed is that due to his capacity for efficiency in terms of formal resolution, he dodges the underlying intelligence beneath his painting.  Once again, we are dazzled by sequins, colors, the brilliance of the visual effect.  We fall into the easy trap of left-leaning labeling, such as “ anything beautiful is bourgeois and decadent,” as if, curiously, that were not also true of an out-of-focus black-and-white print on 150 x 200 cm Ilford gallery paper, or a boring red neon light flashing a gigantic word announcing only the megalomania of frustrated writer. 

And if he were indeed decadent, what’s the problem?  Isn’t art supposed to be a private reflection of our social realities? Oh, and by the way, aren’t we living a global crisis?

The problem is that Ahmed, just as easily, brings to light certain forgotten militancies, paying homage through his post-modern pin-ups to the humor of Peruvian writer Alberto Vargas, the grace of Elvgren, or emulating the eroticism of Mel Ramos or John Willie, all the while questioning the formal grandeur of the vanguard’s “isms” by turning them into a “decorative mannerism,” a kind of hyper-aesthetic.

Destroying all possibility of nostalgia in his remembrances, desacralizing it as the pinnacle of art, he forces it to coexist in a way in which it is almost ridiculed by the youthful effervescence of his female figures.

It appears even more so when those abstract reminiscence seen derivative of ideo-aesthetic mannerisms developed by Frantisek Kupka, Aleksei von Jawlensky, or Robert Delaunay, the great purists of the Abstract School.

There is the sarcastic path, which appears naïve (“naïve is he who believes it”), that some will also remember from the first work in the 1990s by Rene Francisco (Ven y dame una mano) and Pojuan (a later example, Arte y Confort) where the vanguard – in particular, the Russian, pre-Soviet vanguard- was put in check, questioned as paradigm, or as the supreme, ideal, metaphysical state of
Western art.  The greatest exponents of this in contemporary Spanish art are Equipo Cronica and its survivor Manolo Valdes.

One or another detractor (in an effort, perhaps, to hide his own misogyny) might say that he “attacks women by trivializing them” and that the work betrays a retrograde view of women as “flower vessel” and of art as a mere household decoration.

In reality, I personally believe that it’s more the gaze of a “secret admirer” of both traditions, united by an even older tradition, painting.

It’s as if Ahmed Gomez demonstrates with these paintings that, fundamentally, he enjoys painting them because in doing so he combines various pleasures.

Obviously, pin-up iconography has greatly influenced the aesthetics of Latin men’s sexual taste for the voluptuousness of a powerful, curvaceous woman.  This has nothing to do with anorexia or bulimia, but indicates a flirtatious woman, sure of herself, aware of her charms and of her natural endowments.

It’s as if the artist himself were enjoying them, copping a fell in his erotic (carnal) contact with them, remaking them in order to perpetuate them in his visual imagination, as a pictorial reality that will remain.  Then, she, being charged by the bull, or, on the contrary, she herself charging the bull… toward and for the utopian ideal of a male abstraction.  To be sure, it is an abstraction trivialized by the emphatic, mocking game of Pop Art.  And there, in the didactic-doctrinaire, tiring, repetitive and obsessive intent of Pop Art, is where Ahmed sidesteps the potential dangers of a critique that could tag his production as something pretentiously profound, since the very delight of his control in the exercise of painting reveals only one fact: all is surface.

It is a plane that allows for the possibility of being reinterpreted, re-done, deconstructed, despite the fact that this deconstruction may have a kind of analytical hue based in method.

Whether they are pin-ups or vanguard abstractions, what matters is Painting. Painting is what remains.

And to know Painting, and to demonstrate such knowledge, even when it might seem facile – for those who have never practiced it, as for those who have attempted to master it and remain forever respectful of it – is quite a challenge today.

And this is knowledge that, beyond the gift of the talent to achieve a resolution, can only be cultivated under the bitter weight of perseverance and tenacity.  It is the same as making our palate get used to the harshness of vodka, shot after shot.

To make this challenge (the pictorial one) fun, expressive, and seductive is an achievement that only a few attain, Ahmed among them. Others, no.

 

Omar-Pascual Castillo

Spring, 2010

Granada, Spain

 

Translated by Eduardo Aparicio and Zoya Kocur

 


9/9/2009

 

Deconstructing Pin Ups

 

By Kim Fletcher in

In his exhibition Deconstructing Pin-ups Ahmed Gomez explores the realities of the pin-up girl bringing refreshing perspectives to these frontierwomen. Pin-up girls are never underappreciated for their alluring aesthetics — their curvy figures associated with everything from tattoos to rockabilly album covers and floozy Halloween getups. With Deconstructing Pin-Ups Ahmed Gomez hopes to "trigger new reference points and stimulate critical commentary on the painting as either an element of value or a visual interpretation of cultural representation." I think that means he wants people to value pin-up girls for assets beyond their bodacious tatas. Good luck Gomez…Just Sayin' - K.F.

 


9/6/2009

 

tumiamiblog

Las pin-ups de Ahmed Gomez, de(construccion) y el mito del pintor romantico

Alfredo Triff

Ayer nos dimos una vuelta por la nueva exhibición de Ahmed Gómez titulada Deconstructing Pinups, en el espacio Museo Vault Exhibition, de la 29 calle y 3ª avenida en Wynwood. La muestra consiste en una serie de cuadros grandes y pequeños ejecutados en acrílico. El curador del show es Edgar Pozos.

Con ésta, Ahmed continua su serie de pinups que comenzara hace aproximadamente 3 años. Hay desarrollo, si ello significa incorporar y realizar nuevos aspectos que enriquecen lo anterior. Para Gómez la pintura es pintura, oficio, trabajo de exposición de ideas. Telas de más de 4 pies (ejecutadas en la sala de su casa, aunque eso no tenga otro valor que demostrar su deseo de crear), hechas con trazo rápido, colores de sabor a diseño gráfico, incluso modernamente grafitero. Y hay concepto detrás de esta pintura.

Cerca de la entrada de la galería, a la izquierda se ven tres cuadros con el mismo sujeto: la muchacha tipo Vargas / Gómez montando velocípedo. Pero Ahmed permuta los contextos y por tanto las imágenes alcanzan ese sabor Pop y "retro" (si puede hablarse de factura post-socialista). El potaje gomeziano mezcla la historieta seudo-erótica con chispazos –aquí y allá- de la tradición modernista. El resultado es (¿no es acaso el modernismo, proyecto serio, casi antierótico?) una eclosión understated, sin didacticismos (acaso lo mejor y peor de la modernidad). Vemos desfilar a Tatlin, Malevich, visos futuristamente deperianos, algún que otro mondrianismo.

¿A qué viene todo esto? La nostalgia, que es como una emoción histórica con sed de espacio. Después de la caída del imperio soviético, Svetlana Boym ha identificado dos tipos de nostalgia, una "restaurativa" (basada en la idea de nación, tradición y fe en la utopia, imaginen el catarro comunista) y la "reflexiva", esa que presenta el reto estético o ético sin pretexto melancólico. Gómez es un nostálgico reflexivo. Está claro, si no, su pintura no fuera tan jodedoramente humorística.


Ahmed ha encontrado una manera de divertirse -y divertirnos- con todo esto. Veámoslo desde otro punto de vista: Las pinups de Gómez no son aquellas de

Vargas. Allí se trataba del sujeto y el foco del deseo masculino en una sociedad patriarcal.* Tal pareciera que estas chicas vienen de regreso, pueden jugar el juego patriarcal para subvertirlo. "Pareciera" porque no es más que wishful thinking. La mujer es más explotada** que nunca; pero eso es otro tema.

La pinup de Gómez blande en la mano la brocha roja (¿brocha en lugar de
bandera delacroixiana?). Oigan la "clave" de la tradición...

... a la vez que nos "da filo" de muslos, pero su rodilla ¿aplasta? el emblema fálico formalista-constructivista por excelencia: La torre de Tatlin… ahora enana, como esos souvenirs que se venden en tiendas de museos. ¡Pero qué falta de respeto es esa a la modernidad!


Observen que la cara de la pinup (arriba) no es tan sensual como provocativamente estereotipada: mirada desafiante, labios encapuchados, pómulos salientes, cara de bandida. Ella sabe que está actuando un papel -y no es suyo. Ahí supuestamente está la "deconstrucción", que yo llamaría re-construcción -por aquello de reírme derridanamente de las construcciones. Volviendo al feminismo: En todo esto hay un tufito subversivo gomezaniano a la aparente subversión. De reírse de nosotros, que creemos que el pintor hace un guiño al feminismo. Aún el guiño es tímido. Después de todo, el PAPI RICO sigue siendo el pintor.***


Sólo falta esperar adónde va todo esto, que de seguro no queda aquí. 

 


2006

Ahmed Gomez

 

Artista Ahmed Gomez

 

Las recientes pinturas de Ahmed Gómez existen en el intersticio entre la representación y la abstracción — creando ilusiones altas con referencias al mundo bajo de los comics y la pornografía. Las pinceladas parecen danzar en un espacio incierto, imagenes entópticas flotan en un abrupto efluvio sin enfoque preciso. Desde su trinchera, el artista acecha a los que se escapan y se someten.

 

Ellas trepan una columna interminable o se sientan en un ícono modernista, muestran su vulnerabilidad, visten ropas de oficinistas y prostitutas. Ellos se esconden en el taller de soldadura, disfrazados de obreros y wetbacks, desafiando la gravedad en un rodeo celestial.  Entre sombras geométricas y posturas fingidas, las figuras sugieren un acercamiento al peligro y la inestabilidad.

 

En estos cuadros, con una técnica nítida y fluída, los cuerpos emergen con la velocidad de un rayo. La tela cruda se asoma alrededor de contornos sexuales e intelectuales. Las caras y piernas de las lindas ‘pinups’ llevan matisados maquillages de museo. Los guapos chicos tambien tienen su rouge cultural. Todos parecen jugar con esculturas y técnicas pictóricas, retozando y posando para el deleite del observador. La propia pintura rapta y enmarca la acción.

 

Y que nos trata de decir el artista? Acaso apunta la futilidad del modernismo y el arte en la sociedad actual? Demuestra el anacronismo de utopías y códigos gastados? Pretende seducirnos con sus vertiginosos vórtices de de duda y certitud? Sugiere una realidad mas allá del lenguage y la mitomanía?

 

En Miami, una de las nuevas capitales del arte contemporáneo, el artista Ahmed, con sus pinceles, es el francotirador.

 

César Trasobares

Curador Independiente, Miami, Octubre 2006


8/22/2007

Ahmed Gomez y la tercera Pared




Jesús Rosado
Foto: Pedro Portal
En medio de las artes coqueteándole al padrinazgo del mercado, el acto de recreación gráfica directamente sobre la pared de una galería privada (Contemporánea Fine Arts en la calle 8, un centro que promueve y vende arte), representa un contrasentido. Obra de naturaleza efímera que nos lleva a plantearnos tres posibles enfoques alternativos: Se trata de un happening kamikaze (tanto del artista como del dealer) frente a la retina del interesado y estoy incluyendo coleccionistas, críticos, artistas y público en general; segundo, es una gran jodedera estética que reúne suceso provo, historieta, kitsch, memorabilia publicitaria, street art, meta-arte, naïve, grafitti y que intenta pasar por irreverencia desideologizada cuando en realidad (y ésta sería la tercera perspectiva), representa una bofetada desenfadada, pero bien intencional, al valor del dinero en el capital. Es decir, horas trabajo, inversión logística y gastos de producción no pasarán del simple aposentarse en el goce de la mirada. Por ello opino que Ahmed Gómez no desabrocha el pulso haciendo arte por el arte, -slogan que siempre me ha sonado demagógico- sino generando arte para el arte -que le otorga una diferencia como credo. Aunque piense que al show le faltaron algunas jornadas de maduración, la cocción me es digna visualmente con esos contornos de arrebato elegante que fusionan a un Tatlin occidentalizado y al Lichtenstein más rústico. Tal como ocurre en la obra de Pedro Álvarez, los brochazos rezuman intertextualidad, provocación y comentario, pero su desempeño recuerda más al dueto cubano de René Francisco-Eduardo Ponjuán quienes, durante los años mozos de Gómez, ejercieran magisterio con un eclecticismo crítico que yuxtaponía irónicas referencias culturales de épocas y geografías heterogéneas. "Cool Wall" es una bocanada de aire fresco y un golpe de franqueza en el ámbito miamense, una meditación con sorna sobre el choque de hegemonías en los melódicos cincuenta. Un cagarse en el comunismo y en el consumismo. Un Ahmed Gómez autárquico versus Cold War y versus plusvalía, pero sin antiamericanismos. Alejada de todo poder, "Cool Wall" sería una tercera pared. Un grato repaso de la significación del arte.